Escalante, Michoacán; Junio del 2025. — En un municipio que ha apostado por la transformación política con rostro ciudadano, dos figuras han optado por la ruta del oportunismo antes que por la coherencia: la regidora Brenda Téllez y el regidor Diego Martínez. Lo que parecía una nueva generación de liderazgos comprometidos con la gente, hoy se revela como una estrategia política de ambición disfrazada de ética.
Brenda Téllez, quien llegó al cabildo con el respaldo de un equipo comprometido y honesto, que creyó en su juventud y promesa de trabajo por el bien común, ha roto con el proyecto sin argumentos sólidos, sin diálogo, y con una narrativa que esconde más de lo que aclara. Hoy, lamentablemente, lo que brilla es la opacidad de la regidora.
Su deslinde del Partido Verde y de la administración municipal, no es un acto de valentía, sino una jugada calculada. A espaldas del equipo que la impulsó, ha iniciado alianzas con actores políticos que han hecho de la violencia de género y la desinformación su herramienta predilecta. Su ruptura es más un ensayo electoral anticipado que una verdadera defensa de la ciudadanía.
Pero no es la única sombra en el cabildo. Diego Martínez, autoproclamado defensor de la legalidad, fue registrado como mujer para acceder a una regiduría destinada a acciones afirmativas de género. Con esa simulación no solo se burló de la lucha de las mujeres, sino que usurpó un espacio que legítimamente le corresponde a las féminas. Hoy, mientras se erige como fiscalizador de obras públicas, oculta el hecho de que él mismo llegó al poder mediante un cruel engaño.
Ambos casos revelan un patrón preocupante: el uso de una supuesta ética personal, con sentido social, como disfraz para fines personales con trasfondo electoral, con miras al 2027. Así, Ni Brenda ni Diego representan la nueva política y mucho menos a la ciudadanía; son más bien símbolos de viejas prácticas envueltas en nuevos discursos.
Seamos honestos. La ciudadanía de Salvador Escalante merece líderes y representantes sociales que respeten las reglas desde el principio, que no traicionen la confianza ni simulen representar causas que no les pertenecen ni entienden. Porque el verdadero cambio no se predica, se practica con hechos y mucha coherencia. Es lo menos que merece la gente.

































