En Salvador Escalante, dos miembros del cabildo han tomado decisiones políticas que generan serias dudas sobre su compromiso con el proyecto de transformación social del municipio.
La regidora Brenda Téllez, quien llegó al cargo con el respaldo de un equipo que creyó en su juventud y promesa de trabajo, decidió deslindarse del gobierno municipal y del Partido Verde. Lo preocupante no es la separación en sí, sino la forma en que lo hizo: sin fundamentos sólidos, sin diálogo, y aliándose con personajes ligados a prácticas de desinformación y violencia política. ¿Es esta una decisión ética o una jugada electoral anticipada?
Por su parte, el regidor Diego Martínez, enfrenta serios cuestionamientos por haber sido registrado como mujer para acceder a una regiduría destinada a acciones afirmativas de género. Esta simulación no sólo es una falta grave a la confianza ciudadana, sino una burla al esfuerzo de muchas mujeres que luchan por espacios legítimos en la política, no sólo por equidad de género, sino por simple capacidad, si es que la capacidad fuera algo tan simple.
Ambos casos son claras y fuertes señales de alerta. Usar la ética y la transparencia como banderas políticas, sólo tienen valor si se respeta la verdad y el compromiso desde el principio.
Salvador Escalante merece representantes responsables y coherentes, no protagonismos disfrazados de “valentía”. La ciudadanía exige trabajo real, respeto al mandato social y mucha congruencia.





















