Por Alex Esquivel M.
En una administración municipal plagada de divisiones internas, desorden operativo y falta de liderazgo claro, el área de Comunicación Social no solo ha fallado miserablemente en su papel fundamental: ha traicionado su función.
Lejos de ser un puente entre el gobierno y la ciudadanía, a través de los medios de comunicación, se ha convertido en una muralla de opacidad, una oficina que fabrica silencios, distorsiona realidades y alimenta sospechas. ¿Qué otra área del gobierno genera tanto rechazo y desconfianza?
Secretismo absurdo, daño irreversible
El presidente municipal, Ingeniero Julio Alberto, merece un equipo que le sume, no que lo hunda. En lugar de eso, tiene a un grupo que:
• Se niega a proporcionar información básica —como la presencia del propio alcalde en su despacho—, escudándose en excusas torpes mientras su titular brilla por su ausencia permanente.
• Trata con hermetismo eventos públicos como el informe de gobierno (8 de agosto, 12:00 horas en la plaza Vasco de Quiroga), como si se tratara de un acto privado, exclusivo para unos cuantos, y no de una obligación constitucional de rendición de cuentas.
• Siembra más dudas que certezas, dejando el terreno fértil para teorías, sospechas y especulaciones. Porque cuando la verdad se esconde, lo que florece es la desconfianza.
Y lo peor: esta conducta no solo no protege al alcalde, lo expone. Porque en política, lo que no se dice se interpreta… y lo que se oculta, apesta.
¿Incompetentes… o cómplices?
Hay solo dos explicaciones posibles. Ambas son graves:
O el alcalde ignora lo que ocurre en su propia área de comunicación —lo que revela un liderazgo débil, distraído, incapaz de poner orden en su equipo.
O lo sabe y lo permite —lo que deja claro que el secretismo es parte de la estrategia: una apuesta por la manipulación, no por la apertura.
Sea cual sea el caso, el efecto es el mismo: los ciudadanos y los medios son tratados como enemigos, mientras se filtra información privilegiada a los medios “alineados”. Eso no es comunicación. Es censura encubierta.
El precio de jugar sucio
El respaldo popular del Ingeniero Julio Arreola existe, pero no es ciego. Y si su equipo de comunicación insiste en:
• Ocultar información clave,
• Premiar a la prensa dócil mientras castiga a la crítica,
• Operar como escudos humanos, guardianes del silencio y no como servidores públicos,
…entonces el desgaste será inevitable. Porque los ciudadanos no perdonan la opacidad, y los medios no olvidan la censura.
A Comunicación Social: ya basta
El área de Comunicación Social de Pátzcuaro debe entender —y ya va tarde— que:
• Su obligación es informar, no proteger a nadie.
• La verdad no se negocia, y el silencio sí cuesta.
• El secretismo hunde, no fortalece.
Sin transparencia no hay confianza. Y sin confianza, no hay gobierno que aguante.
Si presidente Julio Arreola Vázquez no corrige este mal entendido, su segundo periodo de gobierno no será recordado por sus obras y buenas acciones, sino por las sombras y omisiones que su propio equipo arrojó sobre ellas. Al tiempo.
































