Por Alex Esquivel M.
Ya lo hemos dicho. Y lo hemos dicho fuerte y claro. Las encuestas, por sí solas, no construyen liderazgos. Apenas los registran. Son instrumentos que capturan un momento determinado del ánimo ciudadano, pero difícilmente explican las causas que lo originan. Por eso una sola medición obliga a la prudencia; cuatro mediciones que apuntan en la misma dirección obligan al análisis, especialmente si es periodístico y de corte político. Y eso comienza a ocurrir en Michoacán.
La secuencia es más que evidente y ya resulta difícil de ignorar. Massive Caller fue una de las primeras en colocar a Carlos Torres Piña al frente de la contienda interna de Morena. No sólo encabezó la intención de voto con 20.2 por ciento, sino prácticamente todos los indicadores de competitividad: opinión positiva, percepción como buen candidato, cercanía con la gente, conocimiento del estado e índice de fortaleza electoral. En pocas palabras, Torres Piña se anotó un hitazo.
Después apareció TResearch International, que lo ubicó con 27.5 por ciento de las preferencias, siete puntos por encima de su más cercano competidor. Posteriormente, Polls.mx volvió a situarlo en el primer lugar con 26.5 por ciento. Y ahora C&E Research registra el dato más contundente hasta el momento: 38.5 por ciento de respaldo entre simpatizantes de Morena, prácticamente el doble del 19.2 por ciento obtenido por quien ocupa el segundo lugar, y una ventaja de 19.3 puntos porcentuales sobre el resto de los aspirantes.
Cada encuesta, por separado, admite interpretaciones. Cada metodología tiene alcances y limitaciones. Y eso es normal, ya lo sabemos. Pero cuando cuatro empresas distintas, levantando información en momentos diferentes y mediante procedimientos propios, convergen en un mismo resultado, la discusión deja de centrarse en la confiabilidad de una medición específica. Y lo verdaderamente relevante pasa a ser la persistencia del fenómeno. La mayoría, en la actualidad, lo llama tendencia. Y ahí aparece la pregunta de fondo: ¿por qué?
La respuesta difícilmente se encuentra en los porcentajes. Se encuentra en el territorio. La respuesta, mis amigos, está en el viento (the answer my friend is blowing in the wind. Bob Dylan. 1962). De hecho la respuesta está a ras de tierra, tal como lo decía Joan Manuel Serrat en su vieja y conocida canción Cantares, de 1969, con letra del poeta español Antonio Machado: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar«. Así de simple.
Así, en ese contexto, en los meses recientes Carlos Torres Piña ha privilegiado una estrategia de contacto directo con la ciudadanía. Ha recorrido, a pie, municipios, comunidades indígenas, zonas urbanas y regiones productivas; ha dialogado con comerciantes, artesanos, productores, transportistas y ejidatarios, acumulando un contacto directo estimado en más de 50 mil michoacanos. Ese trabajo no garantiza una candidatura ni una elección, pero sí ayuda a explicar por qué distintas mediciones, elaboradas por empresas diferentes, comienzan a registrar un comportamiento prácticamente idéntico.
En política existen momentos en que las encuestas generan tendencias y otros en los que simplemente las documentan. Todo indica que Michoacán atraviesa el segundo escenario. Los estudios demoscópicos no parecen estar construyendo el liderazgo de Torres Piña; más bien están llegando, uno tras otro, a confirmar un liderazgo que se ha venido edificando desde hace meses en el territorio.
Ese es, probablemente, el dato más importante del momento político que vive Morena. Lo que por cierto genera una segunda lectura. Y no es que una encuesta coloque a un aspirante por delante. El hecho es que cuatro ejercicios independientes coinciden en señalar la misma dirección. Y cuando esa «coincidencia» comienza a repetirse con tal consistencia, deja de ser una casualidad estadística para convertirse en un hecho político. Al tiempo… !!





































