Tacámbaro, Michoacán, 5 de agosto de 2026.- Lo que comenzó como una jornada de búsqueda para encontrar a quienes un día desaparecieron, terminó por revelar uno de los escenarios más devastadores de la crisis humanitaria que enfrenta Michoacán.
Después de tres años de trabajos ininterrumpidos, el colectivo Buscando Cuerpos informó que en la fosa clandestina localizada en el municipio de Tacámbaro han sido recuperados restos que corresponderían, al menos, a 375 personas, entre ellas bebés y menores de edad.
La fundadora del colectivo, Margarita López Pérez, explicó que la estimación se realizó con base en los huesos sacros localizados durante las excavaciones, considerados una de las piezas óseas que permiten establecer el número mínimo de individuos encontrados. Sin embargo, aclaró que en el sitio también han sido recuperados miles de fragmentos óseos, por lo que la cantidad de víctimas podría ser mayor. Hasta el momento, las autoridades no han emitido una cifra oficial definitiva.
López Pérez recordó que, al iniciar las labores de búsqueda, la Comisión Estatal de Búsqueda les compartió una estimación preliminar que apuntaba a la posible presencia de restos de más de mil personas en ese lugar. No obstante, enfatizó que dicha proyección nunca ha sido confirmada oficialmente.
Uno de los hallazgos más dolorosos ha sido la localización de restos de bebés y de niñas y niños de entre cinco y doce años de edad, un hecho que evidencia que la violencia ha alcanzado incluso a los sectores más vulnerables de la población.
La dimensión del descubrimiento vuelve a colocar sobre la mesa la crisis de desapariciones que vive Michoacán. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, la entidad permanece entre las que concentran el mayor número de casos en el país, mientras que son, en gran medida, los colectivos de familiares quienes continúan encabezando las labores de búsqueda ante la insuficiencia de respuestas institucionales.
El hallazgo en Tacámbaro no sólo representa una cifra; detrás de cada resto recuperado existe una historia interrumpida, una familia que continúa esperando respuestas y una deuda pendiente del Estado con cientos de víctimas de desaparición. La magnitud de este caso convierte a la fosa en uno de los descubrimientos más impactantes registrados en Michoacán y renueva el llamado de los colectivos para acelerar los procesos de identificación forense, garantizar justicia y evitar que estos hechos permanezcan en la impunidad.




































