Por Alex Esquivel M.
En política, la diferencia entre aspirar y gobernar se mide en los momentos de crisis. Todos pueden prometer capacidad; pocos pueden demostrar que ya enfrentaron conflictos que ponen en riesgo la estabilidad de un estado. Carlos Torres Piña ya estuvo en esa posición.
Su principal respaldo no es una narrativa de campaña, sino su paso por la Secretaría de Gobierno de Michoacán, primero desde octubre de 2021 y nuevamente a partir de junio de 2024.
Esa dependencia concentra los conflictos magisteriales, sindicales, municipales, comunitarios y políticos que exigen negociación permanente, coordinación institucional y decisiones bajo presión.
Durante su gestión, la administración estatal reportó una reducción cercana al 67 por ciento en protestas y manifestaciones respecto de los primeros registros del gobierno. El dato no significa ausencia de diferencias, sino mayor capacidad para encauzarlas mediante diálogo y atención institucional antes de que escalaran a escenarios de confrontación.
La relación con los pueblos originarios ofrece otro indicador relevante. Al inicio de la administración, solo 11 comunidades indígenas ejercían directamente su presupuesto; para noviembre de 2024 ya eran 40. Detrás de esa cifra hubo consultas, acuerdos comunitarios, coordinación con autoridades electorales y resolución de controversias, es decir, trabajo político real y no simple trámite administrativo.
También rumbo al proceso electoral de 2024 participó en la construcción de condiciones de gobernabilidad mediante una mesa permanente de coordinación con autoridades electorales, partidos políticos e instituciones estatales, orientada a prevenir riesgos y preservar la estabilidad durante la competencia democrática.
La experiencia de Torres Piña incluye diálogo, pero también firmeza. Gobernar implica escuchar demandas legítimas, pero igualmente proteger el libre tránsito, la actividad económica y los derechos de terceros cuando un conflicto amenaza con paralizar regiones enteras.
En una contienda donde varios perfiles hablan de lo que harían, la diferencia de Carlos Torres Piña es que ya tuvo que resolver problemas concretos: protestas, tensiones regionales, consultas comunitarias y coordinación entre municipios, poderes públicos y Federación.
La experiencia no garantiza todas las respuestas, pero sí reduce el espacio para la improvisación. En el caso de Torres Piña, experiencia y gobernabilidad no son solo un eslogan: son el eje de una trayectoria que ya fue puesta a prueba.





































