Por Alex Esquivel M.
En política, caminar el territorio siempre será mucho más importante que caminar los pasillos del poder. Ahí, con la gente, es donde finalmente se sabe quién conoce realmente los problemas y quién solamente los conoce por lo que le cuentan.
Carlos Torres Piña lleva ya más de 40 municipios recorridos en los dos meses recientes. Ha hablado con campesinos, productores, comerciantes, empresarios, mujeres, jóvenes, profesionistas, comunidades indígenas, organizaciones sociales y migrantes, recogiendo de primera mano una serie de demandas que, aunque cambian de una región a otra, tienen un común denominador: seguridad, empleo, agua, oportunidades y gobiernos que escuchen y resuelvan.
Y aquí hay algo que no debe pasar desapercibido. Torres Piña no empezó a conocer Michoacán ahora que busca la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía. Dice tener 26 años recorriendo el estado y, nos guste o no, eso representa una ventaja frente a quienes apenas están descubriendo que Michoacán no termina en Morelia.
Pero tampoco hay que confundir experiencia con patente de corso. Los años en política no garantizan resultados por sí mismos. Lo que importa es qué se aprendió en el camino y qué se hizo con esa experiencia. Torres Piña ha pasado por el Congreso de la Unión, por la Secretaría de Gobierno y por la Fiscalía General del Estado. Son responsabilidades completamente distintas y, precisamente por ello, constituyen escuelas diferentes: negociar, construir acuerdos, enfrentar conflictos, conocer las instituciones y, en el caso de la Fiscalía, asumir decisiones que deben sostenerse con evidencias y procedimientos.
Eso es lo que hoy está poniendo nuevamente sobre la mesa: experiencia y trabajo, acompañada de territorio. Porque una cosa es decir que se conoce Michoacán y otra muy diferente es recorrer Tierra Caliente, la Meseta Purhépecha, el Bajío, el Oriente, la región Lacustre y escuchar lo que están reclamando quienes viven ahí.
Y si alguien todavía tuviera dudas sobre la capacidad de convocatoria que está construyendo, ahí está el encuentro del domingo en Morelia: más de 2 mil 500 mujeres provenientes de diferentes municipios y regiones del estado cerraron filas con Torres Piña. Campesinas, empresarias, profesionistas, maestras, comerciantes, jóvenes, madres de familia y activistas participaron en una asamblea que, más allá del discurso político, mostró una estructura social que comienza a organizarse.
Torres Piña habló de soberanía, pero también de algo mucho más cercano a la vida cotidiana de las mujeres: libertad, seguridad, independencia económica y capacidad para decidir sobre su propio destino. Y tiene razón en algo fundamental: difícilmente puede hablarse de transformación si la mitad de la población sigue encontrando obstáculos para estudiar, trabajar, emprender o simplemente vivir con seguridad.

Ahora bien, tampoco nos engañemos. Recorrer municipios y llenar plazas no resuelve por sí mismo los problemas de Michoacán. Escuchar es indispensable, pero después viene lo verdaderamente complicado: convertir lo escuchado en propuestas y, sobre todo, en resultados.
Ahí estará la verdadera prueba. Porque Carlos Torres Piña tiene hoy tres activos que no son menores: experiencia en distintas áreas del servicio público, conocimiento territorial y una capacidad de convocatoria que comienza a hacerse visible.
La política, sin embargo, no se gana con activos acumulados. Se gana cuando la gente termina creyendo que quien pide su confianza puede responder a sus expectativas. Por eso habrá que seguir observando. Porque una cosa es recorrer Michoacán para pedir el respaldo de su gente y otra, mucho más difícil, es demostrar que se tiene la capacidad para responderle, tal como lo ha hecho Carlos Torres Piña. Al tiempo…!!



































