Por Alex Esquivel M.
En política, las concentraciones no lo son todo, pero tampoco son poca cosa. Sobre todo cuando se repiten en distintas regiones y cuando, detrás de ellas, existe una estructura capaz de movilizar a miles de personas. Carlos Torres Piña acaba de dar una nueva muestra de ello. En Zitácuaro reunió alrededor de 3 mil 500 personas y, posteriormente, en Zacapu, más de 4 mil, según los datos difundidos. Dos encuentros multitudinarios en regiones distintas de Michoacán que dejan algo muy claro: el exsecretario de Gobierno llega fortalecido a la recta final de un proceso político que todavía tiene mucho por escribir.
Y es que una cosa es organizar un acto y otra muy distinta es conseguir que miles de personas acudan a escuchar a un político. Eso requiere organización, trabajo territorial y, sobre todo, capacidad de convocatoria. Y esa capacidad, les guste o no y se entienda o no, Torres Piña la está demostrando. En Zitácuaro habló de soberanía nacional, de los derechos sociales, de los programas de bienestar, de educación pública y de una política de seguridad que tenga como objetivo la paz y la justicia. Temas que forman parte del discurso de la Transformación, pero que adquieren otra dimensión cuando se plantean frente a miles de ciudadanos. Más tarde, en Zacapu, insistió en la unidad, el diálogo y la necesidad de sumar a mujeres, jóvenes, comunidades, sectores productivos y liderazgos regionales. Y aquí está quizá lo más importante.
Torres Piña no está concentrando su presencia únicamente en Morelia. Está recorriendo Michoacán. Va al Oriente, al Bajío y a las distintas regiones del estado, escuchando, agradeciendo y construyendo una presencia territorial que, conforme avanzan los tiempos políticos, resulta cada vez más difícil ignorar. Porque en política los números cuentan, pero también cuenta dónde se obtienen.
No es lo mismo reunir gente en un solo municipio que recorrer el estado y encontrar respuesta en regiones con realidades, intereses y liderazgos diferentes. Eso habla de una estructura que no depende exclusivamente de un grupo o de una región. Y tampoco es menor el discurso de unidad. En cualquier proyecto político hay grupos, intereses, aspiraciones y diferencias. Pretender que no existen sería ingenuo. Lo verdaderamente complicado es conseguir que esas diferencias no terminen destruyendo el proyecto. Por eso, cuando Torres Piña habla de sumar y de construir mediante el diálogo, no está diciendo algo menor. La política, finalmente, también es capacidad para ponerse de acuerdo.
Pero hay otro elemento que llama la atención. Torres Piña insiste en que sus recorridos son, ante todo, encuentros de agradecimiento y escucha. Puede parecer una frase más dentro de un discurso político, pero tiene una lectura que conviene considerar: quien recibe respaldo también adquiere compromisos. Y eso es justamente lo que debería entender cualquier político que aspire a algo más.
El respaldo ciudadano no es un cheque en blanco. Se puede conseguir con organización, trabajo y cercanía, pero se conserva con resultados y con responsabilidad. Por eso las reuniones de Zitácuaro y Zacapu no deberían verse solamente como actos multitudinarios. Son, también, fotografía del momento político que vive Michoacán. ¿Significan que todo está decidido? Desde luego que no.
Pero sí muestran que Carlos Torres Piña tiene hoy una presencia política y territorial que no puede ser ignorada. Y cuando un aspirante consigue movilizar a miles de personas en distintas regiones del estado, sería un error minimizarlo o pretender que no está pasando nada. Porque en política, como en tantas cosas de la vida, los hechos terminan imponiéndose a los deseos.
Torres Piña podrá gustar o no gustar. Habrá quienes coincidan con él y quienes discrepen. Eso es parte de la democracia. Pero los números están ahí. Y si algo han demostrado Zitácuaro y Zacapu es que, mientras algunos apenas empiezan a acomodar sus piezas, Torres Piña ya lleva tiempo caminando el territorio.
Al final, quizá tenga razón cuando dice que esto no se trata de una persona, sino de miles de michoacanas y michoacanos. Sólo que, en política, cuando esos miles comienzan a aparecer una y otra vez, alguien debería empezar a preguntarse por qué.
Y, sobre todo, para qué…… Al Tiempo !!



































