Por Alex Esquivel Mendoza
Como bien ya sabemos, en política, la legitimidad no se construye únicamente en las urnas. Se refrenda todos los días, en las calles, en las obras, en las decisiones y, finalmente, en la percepción de los ciudadanos. Es su opinión la que cuenta. Una opinión que construye o destruye. Y es que los gobiernos pueden prometer mucho, pero son las personas quienes, al término de cada jornada, deciden si esas promesas se transformaron en resultados positivos para bien de sus vidas, del día a día.
Y eso es precisamente lo que refleja la encuesta de percepción ciudadana realizada durante los últimos días de junio en la ciudad de Pátzcuaro. Más que una colección de porcentajes, el estudio ofrece una radiografía del momento político que vive el municipio y de la manera en que la población evalúa, al día de hoy, la gestión encabezada por el ingeniero Julio Alberto Arreola Vázquez.

Conviene decirlo desde el principio: ninguna encuesta constituye una verdad absoluta. Que quede claro. Toda medición representa una fotografía del instante en que fue levantada y no una sentencia definitiva. Sin embargo, cuando un estudio presenta una metodología clara y resultados consistentes, merece ser analizado con seriedad.
De acuerdo con la información metodológica, el sondeo se realizó mediante 1,200 entrevistas telefónicas, utilizando un muestreo aleatorio simple, con 95% de nivel de confianza y un margen de error de ±3%, parámetros que, según los responsables del estudio, brindan la suficiente solidez estadística a los resultados obtenidos. Así las cosas, está claro que los números hablan por sí mismos
En ese contexto, la educación registra una aprobación de 81.3%, la más alta de todos los rubros evaluados. No resulta difícil entender por qué. La adquisición del terreno para la construcción de la Secundaria Técnica 167, con una inversión informada de 8.3 millones de pesos, representa mucho más que una obra pública. Es una apuesta por las nuevas generaciones y un mensaje de que el desarrollo de una comunidad comienza en las aulas. Así lo hicieron Corea del Sur y Singapur, en la década de los 70s, y hoy tienen un ingreso per cápita superior al de México, cuando en aquel entonces era prácticamente una fracción del de México.

Por lo que toca al medio ambiente, la administración local alcanza una aprobación de 78.5%. En un municipio cuya identidad está íntimamente ligada al Lago de Pátzcuaro, las acciones de reforestación, rescate y conservación de su cuenca, tienen un valor que rebasa lo administrativo. La siembra de 12 mil semillas de pino no resuelve por sí sola los desafíos ambientales, pero demuestra que existe una política social orientada a recuperar uno de los patrimonios naturales más importantes no sólo de Pátzcuaro y del resto de los municipios rivereños, sino de todo Michoacán.
El tema de la economía local, íntimamente ligado al turismo, obtiene 72.8% de aprobación. El respaldo otorgado a más de 600 comerciantes del Nuevo Mercado aparece como uno de los factores que explican esa valoración. Y es que detrás de esa cifra existen familias, pequeños negocios y personas que encuentran en el comercio su principal fuente de ingresos. Así, cuando un gobierno municipal fortalece la economía popular, también fortalece la estabilidad social de la región.
En cuanto a patrimonio, tradiciones y cultura, la aprobación alcanza 76.2%. La candidatura de Pátzcuaro ante la UNESCO y la restauración de templos históricos representan una visión que entiende que la riqueza de una ciudad no sólo se mide en infraestructura, sino también en la preservación de su identidad, de su memoria y de aquello que la distingue ante México y el mundo. No en vano Pátzcuaro no sólo es un pueblo mágico, sino uno de los más bellos de Michoacán como del resto del país, de acuerdo a la versión de los mismos turistas.
Cabe precisar que, como en toda medición seria, la encuesta también refleja espacios de reserva. Entre 11 y 15 por ciento de las personas entrevistadas respondió «No sabe/No contestó», porcentaje que los responsables del estudio atribuyen a ciudadanos que aún no emiten una valoración o que cuentan con menor acceso a la información sobre las acciones gubernamentales. Lejos de ser un dato menor, representa un recordatorio de que siempre existe una parte de la población a la que aún falta convencer mediante resultados y una comunicación más efectiva.
En democracia, la mejor propaganda sigue siendo el trabajo. No hay Más. Ninguna estrategia de comunicación puede sostener durante mucho tiempo una administración que no produce resultados visibles. Del mismo modo, cuando las acciones son percibidas por la ciudadanía, el reconocimiento termina llegando de manera natural.
La encuesta no significa que todos los problemas de Pátzcuaro estén resueltos. Sería ingenuo, por decir lo menos, decir eso. Tampoco implica que el gobierno municipal deba conformarse con los niveles actuales de aprobación. Eso sería más ingenuo todavía. Por el contrario, gobernar exige mantener el ritmo, corregir lo que aún falta y responder a una ciudadanía que cada vez observa con mayor atención el desempeño de sus autoridades. Es simple: hay que redoblar esfuerzos.
Pero tampoco sería justo minimizar lo que expresan estos resultados. Cuando 81.3% aprueba la educación, 78.5% el medio ambiente, 72.8% la economía local y 76.2% el patrimonio y la cultura, el mensaje político es evidente: una parte mayoritaria de la población percibe que el gobierno municipal de Julio Arreola está haciendo bien su tarea.
Y quizá ahí radique la enseñanza más importante. La confianza ciudadana no se compra, no se decreta en cabildo y tampoco se improvisa. Se construye con decisiones acertadas, con presencia en el territorio y con la capacidad de convertir los compromisos en hechos. Se pueden cometer errores, es natural, pero se pueden enmendar y seguir adelante con más ánimo y fortaleza, para hacer, de la mejor manera, lo que aún falta por hacer.
Porque, al final, la obra más importante que puede edificar cualquier gobierno no es una calle, una plaza o un edificio. Es la confianza de su gente. Y esa, como toda obra bien hecha, sólo se levanta trabajando, especialmente si se hace con la gente y para la gente. Al tiempo… ¡!

































