Por Alex Esquivel M.
En política, las consignas sólo adquieren legitimidad cuando encuentran respaldo en los hechos. «Con el pueblo todo, sin el pueblo nada» no es una frase nueva dentro del movimiento de la Cuarta Transformación; constituye una declaración de principios que obliga a quienes aspiran a conducir un proyecto político a demostrar, con presencia territorial y trabajo cotidiano, que el contacto con la ciudadanía no es una estrategia electoral temporal, sino una forma permanente de hacer política, dialogar y gobernar.
La concentración encabezada por Carlos Torres Piña en Uruapan, donde más de dos mil personas participaron en una asamblea informativa, refleja precisamente esa apuesta por la política del contacto y la cercanía. A ello se suma el antecedente de Zacapu, donde el exsecretario de Gobierno y fiscal con licencia reunió a más de cuatro mil simpatizantes, o los más de 5 mil en Zitácuaro, amén de los 12 mil en su registro en Morelia, Son escenarios distintos, pero con un mismo denominador: una presencia territorial que ha venido consolidándose en las diferentes regiones de Michoacán.
En ese contexto, el propio Torres Piña recordó que la docena de aspirantes registrados para coordinar los trabajos de Morena rumbo al proceso de 2027, deberá superar el proceso interno de evaluación que el partido desarrollará durante julio. Más allá de las definiciones partidistas, el mensaje que ha buscado posicionar gira alrededor de tres ejes: unidad interna, organización social y contacto con la gente. He ahí justamente la razón e importacia de la reunión que Torres Piña sostuvo, atinadamente, con algunos medios de comunicación en Uruapan. Él lo sabe. Hablando se entiende la gente. Y él sabe hablar de política con la gente.
En un escenario nacional marcado por la polarización política y por una oposición que mantiene una postura crítica frente a las decisiones del gobierno federal, fortalecer la organización comunitaria deja de ser un asunto exclusivamente partidista para convertirse en un instrumento de cohesión social y consolidación política. No es casual que Torres Piña insista en privilegiar el contacto directo con la gente como eje de su actividad pública. Es simple. Lo importante es la gente. No hay más !!
En ese contexto, cabe decirlo; el político originario de Paracho ha colocado el énfasis en el trabajo «a ras de tierra», una expresión que sintetiza una forma de entender el servicio público: las decisiones no deben construirse únicamente desde los escritorios, sino a partir del diálogo permanente con quienes enfrentan diariamente los desafíos del campo, el comercio, los barrios y las comunidades. Su convocatoria al recorrer nuevamente las calles y tocar las puertas de las familias busca recuperar uno de los principios que dieron origen al movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador y que hoy tiene continuidad bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El mensaje adquiere una dimensión especial en Michoacán, dado que la entidad enfrenta desafíos serios e importantes en materia de seguridad, desarrollo económico y cohesión social, por lo que mantener un vínculo permanente con la ciudadanía, representa un componente indispensable para cualquier proyecto de transformación. Aquí, como en el resto del país, ninguna política pública puede consolidarse si pierde contacto con la realidad de las comunidades y sus ciudades. Por eso el mensaje de Torres Piña rebasa las fronteras de la entidad y resuena fuerte en otros lugares. Que quede claro. El proyecto no se llama Carlos Torres Piña. El proyecto se llama Michoacán.
De ahí que Torres Piña privilegie los recorridos a pie, casa por casa, colonia por colonia y comunidad tras comunidad, escuchando de primera mano las inquietudes, necesidades y expectativas de la población. Esa política de territorio, más que una estrategia de campaña, se convierte así en un método para construir confianza y legitimidad social. Y la gente ha respondido bien, hay que decirlo fuerte y claro. Y no es coincidencia o buena suerte. No. La ciaudadanía sabe reconocer a los suyos.
Por eso, La defensa de la soberanía nacional, concepto recurrente en su discurso, también debe entenderse en una dimensión más amplia. Y es que no se limita a una narrativa de identidad nacional; implica fortalecer la capacidad del Estado para impulsar el desarrollo regional, de manera integral, proteger los programas sociales y garantizar que las decisiones estratégicas respondan al interés colectivo. Su formación política, su experiencia en el servicio público y sus raíces comunitarias, estrechamente vinculadas con la Meseta Purhépecha, forman parte del perfil con el que hoy busca encabezar la siguiente etapa del movimiento de la transformación en Michoacán.
Sin embargo, la transformación no se sostiene únicamente mediante discursos multitudinarios ni campañas de comunicación. Se fortalece cuando existe una ciudadanía informada, organizada y participativa, capaz de respaldar, vigilar y exigir resultados positivos a quienes ejercen responsabilidades públicas. En ese sentido, el llamado de Carlos Torres Piña trasciende la militancia de Morena y recupera una premisa fundamental de toda democracia: la legitimidad sólo puede construirse desde la cercanía con la sociedad.
Así las cosas, la mayor fortaleza de cualquier proyecto político no reside únicamente en sus estructuras partidistas, sino en la confianza que logra construir con la ciudadanía. Y esa confianza, como toda legitimidad democrática, sólo puede conservarse caminando al lado de la gente, nunca por delante de ella. En los próximos meses será precisamente esa cercanía, más que los discursos o las cifras de asistencia a los eventos, la que pondrá a prueba la viabilidad de su proyecto político rumbo a 2027. Ahí, su reconocida capacidad para dialogar, construir consensos y mantener el contacto directo con la sociedad podría convertirse en su principal activo. Al tiempo… ¡!

































