Por Alex Esquivel M.
Entiéndase o no, hay que decirlo fuerte y claro. En política, la diferencia entre el discurso y la credibilidad suele medirse por la disposición de los actores públicos para sujetarse a las reglas que ellos mismos defienden. Cuando eso ocurre, el mensaje trasciende la coyuntura y se convierte en un precedente para la vida institucional de cualquier movimiento.
La decisión del presidente municipal de Panindícuaro, Manuel López Meléndez, de solicitar licencia a su cargo para participar en el proceso interno de Morena, se inscribe precisamente en esa lógica. Más que un trámite administrativo, representa un acto político que busca privilegiar la legalidad, la equidad y el respeto a la convocatoria emitida por su partido. Y eso genera, por pura incercia, unidad, fortaleza y cercanía con la ciudadanía, principio y fin de este movimiento.
En un contexto donde diversos señalamientos han puesto bajo escrutinio la participación de servidores públicos en actividades relacionadas con el proceso interno de este movimiento, la determinación de separarse del cargo adquiere una dimensión adicional. López Meléndez sostiene que la mejor manera de fortalecer a Morena no consiste en defender posiciones mediante argumentos, sino en demostrar con hechos el compromiso con las normas que rigen la competencia interna.
La postura también encuentra coincidencia con el llamado realizado por el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y el mismo Raúl Morón Orozco, para que los integrantes de la administración se mantengan al margen del proceso. Sin embargo, el alcalde asegura haber ido un paso más allá al solicitar licencia, convencido de que la congruencia exige eliminar cualquier posibilidad de ventaja derivada del ejercicio del cargo público. He ahí el triste y patético caso de Gladys Butanda.
Desde mi perspectiva periodística, el mensaje tiene un alcance que rebasa el caso particular. En momentos en que la ciudadanía demanda mayor ética en la competencia política, el cumplimiento de las reglas deja de ser una obligación jurídica para convertirse en un compromiso moral con la militancia y con la sociedad. Y es que la legitimidad de un proceso interno depende, en buena medida, de que todos sus participantes acepten competir bajo las mismas condiciones. Piso parejo para todos.
López Meléndez afirmó que quienes forman parte de la Cuarta Transformación tienen la responsabilidad de honrar sus principios con acciones concretas y explicó que su licencia responde al espíritu de la convocatoria, la cual establece restricciones para la participación de presidentes municipales y otros servidores públicos. Asimismo, anunció que dedicará de tiempo completo su esfuerzo a las tareas políticas y organizativas encabezadas por Raúl Morón Orozco, orientadas —según expresó— a la defensa de la soberanía nacional y de los avances de la Cuarta Transformación, con miras al proceso electoral del 2027.
Más allá de simpatías o diferencias políticas, me quedea muy claro que la fortaleza de cualquier organización democrática depende de la capacidad de sus integrantes para someter sus aspiraciones personales a las normas colectivas. Cuando la congruencia sustituye a la conveniencia, las instituciones se fortalecen y los procesos adquieren mayor legitimidad. Y es que, en política, los discursos pueden generar expectativas, pero los hechos, en cambio, son los que terminan construyendo confianza. Al tiempo… ¡!

































