Por Alex Esquivel M / Periodista
Una encuesta es, en esencia, la fotografía de un momento. Puede mostrar tendencias, registrar cambios en el ánimo ciudadano e incluso anticipar movimientos políticos. Sin embargo, una cifra aislada pocas veces alcanza para explicar la verdadera dimensión de un liderazgo.
La más reciente medición de Massive Caller, elaborada el 6 de julio, plantea un escenario que seguramente incomodará a los adversarios de Carlos Torres Piña. No se trata únicamente de que aparezca arriba en una pregunta determinada, sino que encabeza prácticamente todos los indicadores de competitividad política incluidos en el estudio. Conocimiento, opinión favorable, percepción como buen candidato, cercanía con la gente, imagen positiva, conocimiento del estado, preferencia electoral y cumplimiento. Los resultados muestran una tendencia que merece ser analizada.
Cuando se pregunta a los entrevistados si habían escuchado hablar previamente de los aspirantes, Torres Piña alcanza 52.1 por ciento, mientras Raúl Morón Orozco registra 50.2. La diferencia es mínima y podría hablarse de niveles similares de conocimiento público. La distancia comienza a aparecer cuando la encuesta entra en el terreno de la valoración.
Torres Piña obtiene 35.8 por ciento de opinión positiva, frente a 28.7 de Morón. En la pregunta sobre quién es considerado un buen candidato, los porcentajes son de 38.8 y 31.7, respectivamente. Son 7.1 puntos porcentuales de diferencia. Un margen que ya no tiene que ver solamente con quién es más conocido, sino con la aceptación que cada perfil genera entre los ciudadanos consultados.
Hay otro dato que Morena debería observar con particular atención: la cercanía con el pueblo. En ese indicador, Carlos Torres Piña aparece en primer lugar con 21.3 por ciento. Raúl Morón obtiene 16.7. El dato no es menor para un partido que surgió de un movimiento político cuya principal fortaleza estuvo durante años en el territorio, las plazas públicas, las comunidades y el contacto directo con la ciudadanía. Morena no nació en un despacho ni como una franquicia electoral diseñada desde las élites políticas.
Por eso, la cercanía con la gente tendría que ser algo más que una frase de campaña. Forma parte de su propia identidad política. Quizá ahí pueda encontrarse una de las explicaciones del momento político que vive Torres Piña. Y es que en las semanas recientes ha recorrido el territorio: municipios, comunidades indígenas, pueblos ribereños, zonas urbanas y regiones productivas de Michoacán. Se ha reunido y dialogado con comerciantes, artesanos, productores, deportistas y habitantes de localidades que rara vez ocupan un espacio relevante en la agenda política estatal.
Los resultados de Massive Caller parecen recoger esa percepción. El 23.2 por ciento de los entrevistados considera que Torres Piña es quien más conoce Michoacán; Morón alcanza 19.1. En imagen positiva, el fiscal con licencia obtiene 22.2 por ciento frente a 17.1 del senador con licencia. Y cuando se pregunta quién cumple más, Torres Piña vuelve a colocarse arriba, con 22.9 por ciento contra 18.2 de su más cercano competidor.
Cada cifra puede discutirse por separado y, como ocurre con cualquier encuesta, admite distintas lecturas. Eso lo entiendo. Pero el asunto cambia cuando prácticamente todos los indicadores apuntan hacia el mismo perfil: Carlos Torres Piña.
La pregunta que inevitablemente concentra la atención, es la relacionada con la candidatura de Morena al Gobierno de Michoacán. También ahí Torres Piña encabeza las preferencias, con 20.2 por ciento. Le siguen Raúl Morón, con 18.1, y Gabriela Molina, con 15.2. Hay competencia y seguramente la habrá durante los próximos meses. Pretender lo contrario sería desconocer la realidad interna de Morena. Pero tampoco puede afirmarse que todos los aspirantes llegan en las mismas condiciones ni con fortalezas semejantes.
El índice de fortaleza electoral, incluido en el estudio, construido -de acuerdo con la propia lámina de Massive Caller- a partir de indicadores de competitividad electoral definidos por Morena, coloca a Carlos Torres Piña en primer lugar con 3.0 puntos. Raúl Morón aparece con 2.5 y Gabriela Molina con 2.4. Por supuesto, ninguna encuesta entrega candidaturas y mucho menos gana elecciones. Son instrumentos de medición que deben analizarse con cautela, atendiendo su metodología y el momento político en que fueron levantados y leídos.
Pero también es cierto que los partidos que se empeñan en ignorar las señales del electorado suelen terminar pagando el costo de sus malas decisiones.
Cuando llegue el momento de definir, Morena tendrá que determinar qué perfil ofrece mejores condiciones para conservar la confianza ciudadana y mantener su competitividad electoral en Michoacán. La discusión no tendría que reducirse a grupos internos, cuotas políticas, trayectorias personales o nostalgias de procesos anteriores. La pregunta debería ser más simple: ¿quién está en mejores condiciones de construir un proyecto competitivo? Hoy, los datos de Massive Caller colocan a Carlos Torres Piña al frente.
No solamente encabeza la preferencia directa. También es el más conocido, el mejor evaluado, es considerado el más cercano al pueblo, quien proyecta una mejor imagen, el que más conoce Michoacán a juicio de los entrevistados y quien ocupa el primer lugar en el índice de fortaleza electoral. Nada de esto significa que la candidatura esté resuelta. Significa que hay una tendencia. Y cuando distintos indicadores comienzan a señalar de manera reiterada la misma dirección, ignorarlos ya no es cautela política. Es necedad. Al tiempo… ¡!


































